Fotografías y narración de: Mayra Iveth Ponce, 2026
El mercado El Tejar, ubicado en la avenida Kollasuyo, frente al Cementerio General de la ciudad de La Paz, es un territorio vivo donde convergen saberes, prácticas y alimentos locales que reflejan la riqueza agroecológica de Bolivia.
Aquí, productoras y productores llegan principalmente desde regiones como Sapahaqui e Illimani, trayendo consigo una diversidad de alimentos cultivados de manera agroecológica. También se hacen presentes frutas provenientes del Trópico de Cochabamba, algunos productos de Alto Beni y, en menor escala, alimentos muy locales cultivados en el mismo sector de El Tejar, especialmente por mujeres adultas mayores.
La agrodiversidad se expresa en cada puesto: desde Sapahaqui llegan frutas como duraznos, tunas, lúcumas y manzanas criollas. Mientras que desde Illimani arriban verduras como choclos, papas y habas. A esto se suman el motacú de Alto Beni, las piñas del Trópico de Cochabamba y productos cultivados en el propio territorio de El Tejar, como acelgas, hojas de laurel, tomates, locotos y chiltos.
Detrás de cada alimento hay historias de vida. Mujeres como doña Flora y doña Serafina, desde pequeños espacios en sus hogares, continúan produciendo para generar ingresos que les permitan sostener su vida cotidiana. Muchas de ellas, ya en la tercera edad, enfrentan condiciones difíciles, pero encuentran en el mercado un espacio de dignidad y resistencia. Una de ellas, tras llegar a las cinco de la mañana y soportar el intenso frío, logró vender sus productos; la satisfacción de regresar a casa con algo de ingreso le devolvió la alegría en medio de la adversidad.
El comercio en “El Tejar” está sostenido principalmente por mujeres productoras, que también transmiten conocimientos sobre los alimentos y sus usos. Por su parte, los varones suelen encargarse del carguío, transporte y distribución de los productos, desde los camiones hasta los puestos de venta.
El mercado El Tejar es, en esencia, un reflejo del territorio y su agrobiodiversidad: un espacio donde los alimentos locales conservan su carácter natural, sin modificaciones, manteniendo sus nutrientes, su calidad y la identidad de las variedades criollas. Es un lugar donde la economía cotidiana se entrelaza con la cultura, la resiliencia y la vida misma.
Esta narrativa es parte del Laboratorio: Fotosíntesis, un espacio de creación colectiva y acciones con alimentos en territorios.
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