Fotografías y narración de: Mirtha Velasquez R. – Vida Amazoni-K, 2026
En la parte alta del mercado de Villa Fátima, cerca del movimiento constante del mercado de la coca, aparecen productos que no son comunes en nuestra ciudad paceña. Llegan desde lejos, cargando historias húmedas de bosque, de calor y de tierra viva. Entre ellos, el cacao destaca sin necesidad de imponerse.
Una familia lo ofrece con orgullo: mazorcas de cacao ecológico traídas desde Alto Beni, en el corazón de la región amazónica del norte paceño. No es solo un producto más, es parte de su trabajo y de su vida. Lo acomodan con cuidado, sabiendo que su forma, sus colores y su textura despiertan curiosidad. Pero lo que realmente guarda valor está en su interior.
El cacao, conocido científicamente como Theobroma cacao —“alimento de los dioses”— nace en territorios donde el bosque no ha sido reemplazado, sino acompañado. Crece bajo la sombra de árboles más altos, entre animales, humedad y suelos vivos. Es parte de sistemas agroforestales donde las familias no solo producen, sino que conviven con la naturaleza y respetan sus tiempos. Es un manejo paciente, heredado y aprendido, donde cada planta forma parte de un entorno más amplio. Así, el cacao no crece solo: crece con el bosque.
Al abrir la mazorca, aparecen las semillas cubiertas por un mucílago blanco, jugoso y aromático. Es ahí donde muchos descubren su primer secreto: el cacao también se come fresco. Su pulpa tiene un sabor agridulce, refrescante, casi inesperado. Es una experiencia que conecta directamente con su origen.
Esas mismas semillas, luego de ser fermentadas, secadas y tostadas, se transforman en uno de los productos más valorados del mundo: el chocolate. De este fruto nacen bebidas, tabletas, postres y sabores que acompañan momentos, recuerdos y culturas.
Más allá de su sabor, el cacao también nutre. Consumido fresco, aporta antioxidantes y vitamina C. En sus derivados, especialmente en el chocolate oscuro, contiene flavonoides, magnesio y hierro, contribuyendo al bienestar del cuerpo y la mente.
Entre el bullicio del mercado donde lo encontramos, el cacao nos recuerda “que incluso los productos más conocidos, tienen raíces profundas”. Y que, a veces, basta abrir una mazorca para entender que el verdadero valor no está solo en lo que consumimos, sino en todo aquello que lo hace posible.
La visión de Mirtha Velasquez buscando el cacao en el mercado de Villa Fátima:





Esta narrativa es parte del Laboratorio: Fotosíntesis, un espacio de creación colectiva y acciones con alimentos en territorios.
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