Explora, descubre y disfruta alimentos locales de Bolivia
El diario de lisa papalisa

El diario de Lisa

Fotografías y narración de: Paola Anahi Guachalla Valeriano, 2026

Fue una mañana de sábado como cualquier otra en el mercado, todas estábamos reunidas, nos habían sacado muy temprano. El frío realmente no me molestó, 5 grados no es nada en comparación a mi última helada qué fue de -2 grados centígrados si mal no recuerdo. Tampoco me molestó el trajín que el señor aparapita hizo para sacarnos a la calle.
De hecho el camino desde la localidad de Pinaya cerca del Illimani cruza por un valle con clima cálido hasta que bruscamente pasamos al concreto y los ladrillos de la ciudad La Paz. Sin dudas ese recorrido fue más tumultuoso.

Todas esperamos pacientemente que nos lleven, escuchamos a Doña Luisa decir “comprame caserita”, cada 5 a 2 minutos, tanto ella como nosotras deseamos con ansias ser puestas en alguna bolsa y cumpliendo el fin por el cual mis ancestros, desde hace más de 5,500 años, tuvimos nuestro origen y fuimos cultivadas en gran parte en la región de los Andes.

Ya que estoy nostálgica, recuerdo a mi familia en Perú, Ecuador, Colombia y parte de Venezuela, pues me produce risa cuando en sus regiones se hacen llamar Olluco, Meloco, Chugua, Ruba o Mucuchi; varios nombres que, si me lo preguntan, quizás son por sus climas. A veces se ven diferentes, un poco más alargadas. pero eso no impide que a cualquiera de nosotras que nos den la oportunidad: compartiremos el sabor ancestral, sabor andino, tan intenso, rústico que ciertamente por más que nos llamen como nos llamen, somos inigualables.

Mientras espero, recuerdo el otro día escuchar a una señora decir que la mejor forma de saborearnos es en ají, nuestros colores en ese plato según dijo, se mezclan y resaltan, Doña Luisa añadió, “con papita y arroz blanco lo preparo en la semana”. Eso me hizo pensar… todas cumpliremos el ciclo en uno de esos platillos.

No puedo evitarlo, tengo sentimientos encontrados, por un lado estoy feliz de llenar la vida de alguien con mis vitaminas A, C, complejo B, B1, B2 y B3, y de repente me pregunto: ¿en verdad deseo compartir y dar mi vida por alguien, revelando mi secreto y poder cicatrizante para mejorar su digestión gástrica?

La verdad es más cruel, ya que algunas veces escuche decir que no soy del agrado de todos, me pregunto ¿Por qué? ¿Por mi aroma intenso y terroso? ¿Mi textura firme que no se deshace fácilmente ni cuando me hierven? ¿La sensación de acuosidad que produzco en el paladar? ¡Si supieran que mis antioxidantes ayudan a su salud! Quiero imaginar que no es el caso de la mayoría y todo eso más bien me hace única.
Siento por última vez las manos de Doña Luisa, nos exhibe brillosas y con nuestros colores tan característicos y femeninos, rosa, amarillo y pecas. Llegó el tiempo, iremos a una cocina. ¡Uf! Pasamos por mucho antes de llegar aquí. Semillas puestas en la tierra, cosechadas con el esfuerzo de una familia, nuestra resiliencia ha hecho que el viaje valga la pena.

Lo que escuche en mis días en el mercado se hace realidad. Oigo decir, “la mitad para ají y la otra parte para sopa”. Todas sonreímos, nuestro propósito será cumplido. Suspiro mientras nos hierven, y de repente, el ají, la papa, el charque, la cebolla y ajo nos dan la bienvenida, entre tanto nos integramos con el agua caliente. Me siento la estrella y me coronan con un gajo de perejil. Sin duda, deseo hacer feliz a esta familia y lo compruebo cuando los veo a todos sentados… reunidos para disfrutar de mi esencia, Lisa, Papalisa.

La visión de Paola Guachalla buscando papalisa en el Mercado Rodríguez: 

Esta narrativa es parte del Laboratorio: Fotosíntesis, un espacio de creación colectiva y acciones con alimentos en territorios.

Conoce más del proyecto haciendo clic aquí.

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

PHP Code Snippets Powered By : XYZScripts.com