La composición del rambután está dominada por el agua (más del 80%), lo que la hace refrescante e hidratante. Contiene azúcares naturales y una buena dosis de vitamina C, que contribuye al fortalecimiento del sistema inmunológico y a la producción de colágeno. Además, su cáscara y semilla poseen compuestos antioxidantes que ayudan a combatir el estrés oxidativo. Es ideal como fruta de consumo directo o en jugos naturales.
Proviene de un árbol tropical de fruto cubierto por una cáscara “peluda” (de ahí su nombre, del malayo rambut = pelo). La cáscara contiene compuestos fenólicos con actividad antioxidante. Se cultiva en trópicos húmedos y puede tardar más de dos años en fructificar si se injerta.

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